domingo, 24 de mayo de 2009

Heráclito


Heráclito no sabe griego. Su movimiento traza huecos vaivenes entre las distancias de un patio. Ha aprendido el delicado ardid de ajustarse al contexto. No sin algo de resignación, acomete, cada instante, la revocación de sí. Un desplazamiento natural, una cadencia metódica y el ejercicio de unos pocos artificios. Poseedor de aquello que los hombres ignoran, sabe que la tarde es una e interminable. Su voz, de perro, se duerme entre los restos del día pero no se repite. No podría. Heráclito ha visto y comprendido lo vano del esfuerzo. La trama incorruptible de la cárcel ya ha sido urdida. Y, sin embargo, algo permanece entre los barrotes de su espejo.

(de Mariano)

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