
A pesar de lo que creemos, nuestros días están vacíos de nosotros mismos. Pocas veces el hombre se ve. Pocas veces llega a sentir el pulso de su vida, de sus sentimientos, de su propia existencia. Ciegos y sordos deambulamos por los caminos sin comprender lo que nos rodea.
Voces dormidas que tratan de despertarnos, anhelos insatisfechos, una verdadera vida que se crispa como un puño prisionero. Amigo, el hombre es un buen carcelero de sí mismo.
Pero a veces alguien se libera. A veces el pájaro huye de la jaula y se remonta al azul infinito, ebrio de júbilo y de espacio abierto. Pocos lo logran. El hombre atesora sus temores como joyas sucias que no se atreve a mostrar. Uno teme por su oro, el otro por su honor, el otro tiene una esposa hermosa y el rey tiene un trono. Hasta el vagabundo tiembla ante la idea de perder su hogaza de pan duro.
Yo no soy mejor que nadie. No tengo nada para perder y sin embargo me aferro a mi pobreza como un avaro y me asusto cuando debo enfrentar la realidad de mi vida vacía. ¿Qué he hecho de ella?
Voces dormidas que tratan de despertarnos, anhelos insatisfechos, una verdadera vida que se crispa como un puño prisionero. Amigo, el hombre es un buen carcelero de sí mismo.
Pero a veces alguien se libera. A veces el pájaro huye de la jaula y se remonta al azul infinito, ebrio de júbilo y de espacio abierto. Pocos lo logran. El hombre atesora sus temores como joyas sucias que no se atreve a mostrar. Uno teme por su oro, el otro por su honor, el otro tiene una esposa hermosa y el rey tiene un trono. Hasta el vagabundo tiembla ante la idea de perder su hogaza de pan duro.
Yo no soy mejor que nadie. No tengo nada para perder y sin embargo me aferro a mi pobreza como un avaro y me asusto cuando debo enfrentar la realidad de mi vida vacía. ¿Qué he hecho de ella?

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