
Eze Village, una calurosa tarde de verano y la agradecida mirada del viejo violinista.
Durham, la de la ardua catedral, donde Beda el Venerable escribió su historia, la de la oscuridad, la de largas horas de invierno en compañía de queridos espíritus.
Ese castillo de los cátaros, donde recordé quién fuí.
La calle Charcas, donde siempre regreso a mi centro.
La Calle 7 al fondo, la pampa, el viejo aeroclub y el mejor estadio del mundo.
El laboratorio, el marino, la biblioteca, la enciclopedia, la lupa, el microscopio, el niño que aprende a leer y siente la atracción del abismo del espacio y del tiempo.
Los lugares en que he sido...
París, Julio 2007

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